Mostrando entradas con la etiqueta DESERTED ISLAND MUSIC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DESERTED ISLAND MUSIC. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de marzo de 2026

EDITH ALONSO - MOMENTO 0.0 (DESERTED ISLAND MUSIC, CD ALBUM) (2026)

Tras casi dos décadas dedicadas a analizar y desmenuzar obras históricas de la electrónica —mirando siempre hacia atrás, hacia lo que nos ha traído hasta aquí— empiezo a sentir que ha llegado el momento de girar ligeramente el foco.

No es algo completamente nuevo. En alguna ocasión ya me he acercado a trabajos recientes, pero siempre de forma puntual, casi como una excepción dentro de la línea habitual de este blog. Sin embargo, hay una sensación cada vez más clara: la de que también es necesario atender a lo que está ocurriendo ahora, a las obras que están construyendo el presente.

La sugerencia de Edith Alonso de escribir sobre su último trabajo ha sido el pequeño detonante que faltaba. A partir de aquí, Wet Dreams abre una nueva etapa: sin abandonar el pasado —que sigue siendo fundamental—, pero incorporando de manera más decidida la reseña y la crítica de obras contemporáneas.

No sé exactamente en qué derivará esto. Y casi mejor así.

Vamos a ver qué pasa.

_________________________________________________________________________________

Edith Alonso — Momento 0.0

Cartografía de lo interior y lo construido

Hay discos que se escuchan y discos que se recorren. Momento 0.0 pertenece claramente a los segundos. No propone una colección de piezas, sino una topografía emocional y espacial en la que cada pista funciona como una estancia, un pasadizo o una mutación del entorno. Edith Alonso no compone aquí “temas”: construye lugares.

Desde el inicio, con Momento 0.1, la entrada es directa, sin concesiones, casi abrupta. No hay introducción amable: el oyente es lanzado a un espacio sonoro donde las percusiones aparecen difuminadas y las capas parecen plegarse sobre sí mismas. Todo apunta hacia dentro, hacia una introspección que no es calmada, sino implosiva. Lo interesante es que cuando parece abrirse —cuando intuimos un exterior— en realidad lo que emerge es un espacio aún más amplio, pero cerrado. No hay escape, solo cambio de escala.

Ese encierro se vuelve más físico en Momento 0.2, donde el ambiente adquiere una textura industrial claramente definida. Aquí el sonido no solo se oye: se respira. Hay densidad, contaminación, una sensación casi táctil de suciedad. Los efectos estéreo no decoran, sino que desestabilizan; parecen atravesar paredes, desplazarte sin moverte. Es un subsótano mental en el que avanzar implica enfrentarse a una incomodidad constante. Incluso cuando aparecen indicios de apertura —cierta excitación en el movimiento estéreo, como una promesa de luz— el discurso se repliega. No hay salida. Y eso no es un fallo: es una decisión estética.

La tercera pieza, Momento 0.3, introduce un giro tan sutil como significativo. Aparece una secuencia de bajos que remite directamente al Tecno-Pop instrumental de principios de los 80, pero no desde la nostalgia, sino desde la relectura consciente. La modulación LFO, cambiante, genera una tensión extraña: inquietud sostenida dentro de una aparente serenidad. Cuando emerge esa secuencia que inevitablemente recuerda al pulso de Giorgio Moroder en Midnight Express, no se siente como cita, sino como eco cultural integrado en el discurso. Aquí Edith empieza a abrir el lenguaje, a dejar entrar historia sin perder identidad.

Con Momento 0.4 llega uno de los puntos más logrados del álbum. El desarrollo es pausado, casi contemplativo, con acordes de largo aliento y bajos de resonancia clásica —ese carácter “Moog” que no necesita explicación—. Lo que empieza como una atmósfera luminosa va mutando hacia zonas más tensas, hasta desembocar en un momento de auténtica elevación (ese punto en torno al minuto 4:22 que funciona como un clímax emocional, no solo sonoro). Aquí la pieza respira, se expande y se contrae con una naturalidad que demuestra control y madurez compositiva. No hay exceso, no hay prisa.

En Momento 0.5, el disco parece abrirse al exterior… pero no a un exterior amable. La secuencia inicial, casi tribal, sugiere naturaleza, pero pronto se percibe que es una naturaleza inquietante, observada, incluso hostil. El uso del estéreo aquí es especialmente eficaz: no rodea, acecha. Las voces —más insinuadas que explícitas— introducen una dimensión casi antropológica, como si el oyente hubiera entrado en un territorio que no le pertenece. La sensación de inquietud no desaparece en ningún momento; al contrario, se intensifica con cada aparición y desaparición de las secuencias.

El cierre, Momento 0.6, plantea una resolución que no es tanto un final como una transformación. El lenguaje se vuelve más estructurado, más reconocible: ritmos cercanos al Tecno-Pop, secuencias de clara filiación berlinesa de los años 70, pero todo ello filtrado por una sensibilidad contemporánea. La sensación de “civilización” aparece no como progreso, sino como otra capa de complejidad: rascacielos, calles vacías, actividad latente. Incluso en sus momentos más rítmicos, el disco no abandona su carácter introspectivo. El guiño final a sonoridades cercanas al sonido electrónico mediterráneo de hace cuatro décadas refuerza esa idea de continuidad histórica dentro de una voz propia.


Lectura global

Momento 0.0 es, en esencia, un trabajo sobre el espacio: el espacio físico, el mental y el simbólico. Un disco que evita la espectacularidad fácil y apuesta por una inmersión progresiva, donde cada elemento —percusión, secuencia, textura— está al servicio de una experiencia más amplia.

Edith Alonso no busca impresionar; busca desplazar al oyente. Y lo consigue.

Estamos ante un trabajo que consolida claramente su madurez como sintetista: no por complejidad técnica (que la hay), sino por la capacidad de sostener un discurso coherente, personal y profundamente sensorial a lo largo de todo el álbum. Hay aquí una comprensión del sintetizador no como herramienta, sino como medio expresivo total, capaz de construir mundos completos sin necesidad de apoyos externos.

Sin exagerar: uno de los discos más sólidos y sugerentes dentro de la electrónica exploratoria reciente. De esos que no se agotan en la primera escucha y que, con el tiempo, revelan nuevas capas.

Y eso, hoy en día, no es tan habitual.


En lo personal, este trabajo adquiere además una dimensión especial: en 2022 tuve el honor de traer a Edith Alonso al Festival Internacional Morada Sónica —festival que organizo y dirijo—, y aquella actuación permanece como una de las experiencias sonoras más intensas que he vivido. Escuchar ahora este disco no hace sino reforzar esa certeza.

GRACIAS EDITH !!!


+ INFO SOBRE EL ÁLBUM: https://www.edithalonso.com/momento/